La seguridad, a debate tras los atentados de Bruselas

Los atentados del pasado 22 de marzo en Bruselas han reabierto el debate sobre la seguridad en el transporte. Esta misma semana y tras años de discusión y negociación, el Parlamento Europeo ha aprobado el registro de pasajeros aéreos. A partir de ahora, las compañías aéreas tendrán que proporcionar a los Estados hasta 19 datos de las personas que viajan en avión: nombres, origen y destino, forma de pago, etc. La medida no está exenta de polémica y ha despertado recelos por afectar directamente a la privacidad de los pasajeros. Y es que el gran reto al que se enfrenta esta PNR es que los mecanismos establecidos funcionen correctamente de manera que se garantice que el uso de los datos que aporten las compañías aéreas a los Estados vayan a utilizarse exclusivamente con fines de seguridad.

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Dos mujeres heridas tras las explosiones en el aeropuerto de Zaventem-Bruselas. Foto: K.Kardava

Pero ¿es suficiente esta medida para lucha antiterrorista? La respuesta es no.

Las medidas de prevención que puedan tomar los Estados deben ser coordinadas unas con otras, solamente complementándose entre ellas pueden ser realmente útiles.

Justo después de los atentados, el comité para la Seguridad de la Aviación Civil de la Comisión Europea (AVSEC) celebró una reunión de emergencia con la intención de elaborar una serie de recomendaciones a trasladar a los ministros de transporte de los países miembros. Y es que, a pesar de que las medidas que se aplican en la actualidad en los aeropuertos garantizan de manera aceptable la seguridad en las instalaciones y que tanto pasajeros como equipajes no lleven objetos o materiales capaces de provocar una catástrofe, algunos expertos de la UE consideran que la seguridad “está muy lejos de estar garantizada”.

Recordemos que, en los últimos 10 meses, la UE ha aplicado hasta en tres ocasiones medidas de refuerzo a la seguridad preventiva en las infraestructuras de transporte. Dos de ellas, implementadas los meses anteriores a los atentados de la capital belga, estaban dirigidas a metro, ferrocarriles y transporte urbano. El tercer paquete de medidas, que se aplicó justo después de los atentados, iba dirigido al transporte aéreo.

Los usuarios, pasajeros y la ciudadanía en general exigimos a nuestras Países más protección y seguridad, pero debemos ser conscientes de que no existen las soluciones milagrosas. La verdadera tarea de los Estados es identificar los riesgos para poder actuar y prevenir, sin caer en una sobre-reacción a unos ataques recientes.

No obstante, a pesar de que todos estamos expuestos a las mismas amenazas, deben analizarse individualmente los riesgos de cada aeropuerto concreto, ya que estos pueden variar en función de la región. Además, debemos ser conscientes –especialmente nuestros expertos y dirigentes- de que el tipo de riesgos a los que estamos expuestos,van cambiando con el tiempo. De modo que las medidas deben también cambiarse y encaminarse a las nuevas amenazas a las que nos enfrentamos.

Entre las posibilidades que se han apuntado para reforzar la seguridad en nuestros aeropuertos está la ampliación de los perímetros de seguridad. Será necesario estudiar esta y las demás opciones, pero valorando bien la utilidad y sobretodo la efectividad de las nuevas medidas que se propongan. Por ejemplo, hay que sopesar bien si se incorporan en los aeropuertos controles de acceso situados antes de los mostradores de facturación, ya que esto podría llegar a suponer que se acabara trasladando el riesgo de ataque a la zona exterior previa al acceso.

Asimismo, cabe recordar que en el lado tierra, es decir, la zona del aeropuerto abierta a los usuarios y no restringida únicamente a pasajeros, donde se efectúa la operación en mostradores, equipajes y carga previa, la seguridad no se rige por la normativa europea de seguridad en aviación. Son las autoridades de cada uno de los países miembros las que tienen encomendada la misión de proteger esas zonas ya que están bajo su jurisdicción. Por tanto, los Estados pueden tomar las decisiones y medidas que crean oportunas.

Una vez más, se pone de manifiesto, tal y como ya indicaba también el informe europeo sobre las operaciones aéreas en zonas de conflicto, es necesario compartir información y datos de inteligencia entre los Estados, así como intercambiar experiencias sobre los enfoques de seguridad adoptados en las zonas de acceso libre de los aeropuertos. No sólo entre los países de la UE, sino también con los demás.

Y lo más importante es que, para que todo ello funcione, hace falta la colaboración y cooperación de todos los agentes implicados, incluyendo a los operadores aéreos y también a los pasajeros y usuarios. Sólo con la implicación de todos podemos llegar a una de prácticas unificadas y sistematizadas realmente efectivas.

En definitiva, todas las medidas que se tomen deben ser consideradas en profundidad antes de implementarse. Hay que ser precavido a la hora de tomar decisiones y necesitamos encontrar un punto de equilibrio. De hecho, algunos aeropuertos y operadores aéreos temen que, si las medidas son muy estrictas, pueden lastrar el transporte aéreo. Un sector que no debemos olvidar, es considerado estratégico en las economías de los países.

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